En esta roca nada es lo que parece: es un router y el fuego su fuente de energía. (Fuente: Aram Bartholl)
En esta roca nada es lo que parece: es un router y el fuego su fuente de energía. (Fuente: Aram Bartholl)

Esto que parece una piedra en realidad es un ‘router’ (y recibe la energía del fuego)

Tiene el aspecto de un canto más, una de tantas piedras que componen el paisaje natural de cualquier paraje. Sin embargo, esta roca de una tonelada y media de peso es mucho más que eso. En realidad es un router.

Abandonada a su suerte en mitad de Springhornhof, el museo de escultura al aire libre situado en Neuenkirchen (Alemania), solamente tiene la compañía de una pequeña hoguera. Pero, nada es casual: el fuego es la fuente de energía que hace que funcione el agreste y sofisticado dispositivo tecnológico.

En realidad, se trata de una instalación artística creada por el alemán Aram Bartholl titulada Keepalive. Con la roca original, acero, un router, un USB y un generador termoeléctrico que convierte el calor del fuego en electricidad, Bartholl creó esta obra que permite a los visitantes que se acerquen a ella conectarse a la red propia (no a internet).

Una vez conectados a la roca, cualquiera puede descargar en sus teléfonos móviles un sinfín de documentos en PDF, que no son otra cosa que una gran colección de guías de supervivencia. Además, los visitantes pueden aprovechar la conexión para meter en el pendrive los archivos que deseen.

El 'router' almacena un sinfín de guías de supervivencia para los visitantes. (Fuente: Aram Bartholl)

El ‘router’ almacena un sinfín de guías de supervivencia para los visitantes. (Fuente: Aram Bartholl)

Así, Bartholl (que ya hizo en 2012 una obra de arte a partir de las millones de contraseñas de usuarios de LinkedIn que se filtraron) propone un singular viaje en el tiempo: si nuestros antepasados necesitaban encender fuegos para sobrevivir, en pleno siglo XXI es la conexión a un router la que nos da la vida. ¿Por qué no imitando las formas de hace miles de años?

El propio artista reconoce que la inspiración para crear Keepalive y combinar la supervivencia primitiva con la moderna le asaltó cuando, en la crisis del huracán Sandy, la gente se lanzó a comprar estufas BioLite, que convierten el calor del fuego en electricidad con la que cargar móviles y demás cacharros.

“Fue divertido”, explica Bartholl. “Se fue la luz y la gente iba a comprar estas pequeñas estufas para hacer un fuego y cargar su teléfono”. Desde luego, suena a chiste. Igual que poder conectarte a un router a través de una roca y gracias a una fogata. De locos.